emprender o apoyar la idea como obra del gobierno. Y de más me habló Bryson, -
aunque la certeza de la conversación que me refería, sólo la puede comprender quien
conozca de cerca el brío con que hemos levantado la revolución, -el desorden, desgano
y mala paga del ejército novicio español, -y la incapacidad de España pª allegar, en
Cuba o afuera, los recursos contra la guerra q. en la vez anterior sólo sacó de Cuba:-
Bryson me contó su conversación con Martínez Campos, al fin de la cual le dio a
entender este q. sin duda, llegada la hora, España preferiría entenderse con los E.
Unidos a rendir la Isla a los cubanos:-Y aún me habló Bryson más: de un conocido
nuestro, y de lo q. en el Norte se le cuida, como candidato de los Estados Unidos, pª
cdo. el actual presidente desaparezca, a la presidencia de México. Por acá, yo hago mi
deber. La guerra de Cuba, realidad superior a los vagos y dispersos deseos de los
cubanos y españoles anexionistas a que sólo daría relativo poder su alianza con el
gobierno de España, ha venido a su hora en América, para evitar, aún contra el empleo
franco de todas esas fuerzas, la anexión de Cuba a los Estados Unidos, que jamás la
aceptarán de un país en guerra, ni pueden contraer, puesto que la guerra no aceptará
la anexión, el compromiso odioso y absurdo de abatir por su cuenta y con sus armas
una guerra de independencia americana. -Y México-¿no hallará modo sagaz, efectivo e
inmediato, de auxiliar, a tiempo, a quien lo defiende? Sí lo hallará, -o yo se lo hallaré.
Esto es muerte o vida, y no cabe errar. El modo discreto es lo único que se ha de ver.
Ya yo lo habría hallado y propuesto. Pero he de tener más autoridad en mí, o de saber
quien la tiene, antes de obrar o aconsejar. Acabo de llegar. Puede aún tardar dos
meses, si ha de ser real y estable, la constitución de nuestro gobierno, útil y sencillo.
Nuestra alma es una, y la sé, y la voluntad del país; pº estas cosas son siempre obra de
la relación, momento y acomodos. Con la representación que tengo, no quiero hacer
nada que parezca extensión caprichosa de ella. Llegué, con el General Máximo Gómez
y cuatro más, en un bote, en que llevé el remo de proa bajo el temporal, a una pedrera
desconocida de nuestras playas; cargué, catorce días, a pie por espinas y alturas, mi
morral y mi rifle, -alzamos gente a nuestro paso; siento en la benevolencia de las almas
la raíz de este cariño mío a la pena del hombre y a la justicia de remediarla; los campos
son nuestros sin disputa, a tal punto que en un mes sólo he podido oír un fuego; y a las
puertas de las ciudades, o ganamos una victoria, o pasamos revista, ante entusiasmo
parecido al fuego religioso, a tres mil armas; seguimos camino, al centro de la Isla, a
deponer yo, ante la revolución que he hecho alzar, la autoridad que la emigración me
dio, y se acató adentro, y debe renovar, conforme a su estado nuevo, una asamblea de
delegados del pueblo cubano visible, de los revolucionarios en armas. La revolución
desea plena libertad en el ejército, sin las trabas q. antes le opuso una Cámara sin
sanción real, o la suspicacia de una juventud celosa de su republicanismo, o los celos, y
temores de excesiva prominencia futura, de un caudillo puntilloso o previsor; pero
quiere la revolución a la vez sucinta y respetable representación republicana, -la misma
alma de humanidad y decoro, llena del anhelo de la dignidad individual, en la
representación de la república, que la que empuja y mantiene en la guerra a los
revolucionarios. Por mí, entiendo que no se puede guiar a un pueblo contra el alma que
lo mueve, o sin ella, y sé cómo se encienden los corazones, y cómo se aprovecha para
el revuelo incesante y la acometida el estado fogoso y satisfecho de los corazones.
Pero en cuanto a formas, caben muchas ideas: y las cosas de hombres, hombres con
quienes las hacen. Me conoce. En mí, sólo defenderé lo que tenga yo por garantía o
servicio de la revolución. Sé desaparecer. Pero no desaparecería mi pensamiento, ni