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Así tenemos, que hoy por hoy, la programación musical de cada grabadora,
se inspira en esta dudosa política. Si a los jóvenes les gusta el ruído, vengan
los ruídos; si los jóvenes prefieren ritmo, venga ritmo, y por último si
quieren artistas de vida escandalosa, vengan artistas de vida escandalosa. (...)
Ausente la educación musical de los colegios, o mejor dicho, la cultura
musical o expresada en forma desagradable e ingrata, el adolescente, poco o
nada sabe de lo que realmente es música. (...) Entonces, la juventud chilena,
que devía ser juventud modelo por muchas razones, prefiere seguir el
camino de sus favoritos en la radio y en las revistas y piden, silban, cantan y
se esmeran en aplaudir seudos ídolos que pasan a veces con más rapidez que
un Jet, por el medio artístico. Esta falta de preocupación y de educación
cierta, en la juventud, tiene un solo futuro: el desaparecimiento progresivo -
ya o estamos viendo - de toda possibilidad en el campo popular, porque sólo
se llega a entender y apreciar la verdade en lo popular a través de los
clásicos. (El Musiquero, 1967, nº 43, p. 09).
No trecho acima fica claro não apenas uma crítica aos novos valores, mas também
uma valorização do tradicional, expressado na terminação “clássico”. Lembrando que o
clássico, referente à canção popular, são os representantes da Música Típica.
E a crítica continua em muitos artigos da mesma seção em outros exemplares da
revista:
El repunte y el auge del folklore latinoamericano, desapareció casi
justamente con los mejores conjuntos que lo llevaron a la cúspide y sólo se
escucha esporádicamente algún éxito, que no hace, sino confirmar que es la
excepción del momento. (...) En nuestro medio, desgraciadamente, la pésima
labor realizada por algunos seudos directores artísticos, ha conseguido
terminar con el semillero de artistas que siempre existió. Se grabó cualquier
cosa, se levantó a cualquier artista y una promoción desorganizada e inútil,
consiguió apenas, una popularidad rapidísima para algunos intérpretes, que
ya han visto terminada su “carrera”. (El Musiquero, 1967, nº 44, p. 03).
Contudo, à crítica aos meios de propaganda por apoiarem expressões musicais de má
qualidade, como os neofolclóricos ou os da Nova Onda, soma-se a crítica aos próprios
intérpretes e compositores por não “lutarem” pela canção popular chilena de boa qualidade,
entenda-se da Música Típica.
Hasta hace muy poco tiempo atrás, era posible suponer en el ambiente
musical chileno, una sana y positiva tendencia a una vuelta de la cosa
folklórica, a una búsqueda de lo nuestro y esencialmente, a una renovación
de las viejas escuelas, para llegar así a una expresión - que si bien no era
netamente folklórica - tenía la virtud de interesar a la juventud. Sin embargo,
ese auge, ese brillo tan prometedor, se quedó sólo en unas pocas creaciones,
y en muchos recuerdos. Las desaparecidas Cuatro Brujas, y los también
desaparecidos Cuatro Cuartos, no tuvieron reemplazantes. Por mucho que se
diga y por mucho que se pretenda hacer, no aparece en el horizonte figura
alguna que pueda ocupar las plazas vacantes. (...) Gran culpa de este